Presentación de Souvenir de Eliza Adonis, por Carlos Leiton

Ante todo el rito:
Seleccionar canciones para un cd que será lo que se antepone al viaje
Seleccionar objetos que pasaran a ser fotografías (algunos se conservan, otros se pierden)
Acallar el exterior en la escritura (¿poema, novela, crónica, monologo?)
Estatuido esto, el ojo puede divagar. Y desde aquí, puede diferir con el mismo viaje preestablecido:
Así como Nan Goldin osó tomar su autorretrato con la torre Eiffel de fondo borroneada, como si fuera un fuego artificial o un tacho de basura
O como Herbert List, que para retratar Grecia toma un fondo abandonado con una simple vista al mar, denotando algunos caracteres del griego en una pared derruida al costado
O como la retratista Diane Arbus que, en una de sus capturas inusuales, toma una imagen de un castillo de Disney, y lo hace con la frialdad de las maquetas deshabitadas, signando con eso otro tipo de retrato
El libro de Eliza Adonis es polisémico en el sentido de las imágenes que propone: estas parecieran protagonizar un panorama de movimiento, cuando la voz de la hablante busca una situación en que se interpela a sí misma buscándose en la extensión que los objetos le proveen. Ante todo es la interioridad de otra cosa, no de los paisajes referidos ni de las situaciones aparentes.


Las imágenes del mundo corroen con sus formas de expresión buscando la correspondencia de una acción importante por parte de la escritora. Las imágenes del mundo son coercitivas, anteponen el recorrido que se compra en el paquete turístico, y por ende, implican la historia personal de quien ha elegido de antemano su itinerario.
Sin embargo, a partir de este libro, las imágenes del mundo pueden constituirse en lienzo, en página para escribir encima de ellas y dejar que la corrosión mineral de los paisajes no sea la protagonista como monumento al que rendirle reverencia.
Souvenir desacraliza la acción de dialogar con las cosas hurgando en lo mínimo de sus recovecos pensantes en que se propone, ante todo, una narración donde la protagonista es la voz y el rito de los objetos accidentales que, de una manera u otra, han de desaparecer. Sin embargo, el viaje lo constituirá la voz que los señala.
Rilke decía en Los cuadernos de Malte Laurids Brigge que era necesario conocer muchas ciudades para escribir Poesía, así, casi con mayúscula en su tono de prosa, no solo versos o papeles que se va a llevar el viento. Es necesario tener muchos amantes para descubrirle el rostro al Amante, así exclamado, como señala la hablante de Souvenir. No acompañantes ni pareja, señalados con una inicial de cuya variación podría designarse un nombre particular, a elección, a modo de acróstico con las distintas iniciales para referir a varios amantes, y con cada una de las letras designadas trazar nombres de ciudades.
Como también la aglutinación de objetos prensados en esta minuta pudiera conformar un habitáculo de sí misma que destila las ciudades en un esmeril que invierte la visión turística mediante un concentrado único, cargado, ferroso, de aquello que cala o de lo que nos defendemos.
Como una maleta perdida entre las maletas que apunta en sus páginas, Souvenir surge como una forma contraria de situarse en los planos geográficos. Consciente de ello, la hablante de este trabajo sabe que las imágenes del mundo vienen a afectar el cerco de la visión tras los ojos. “Libre es aquel que sabe controlar las imágenes” diría Chantal Maillard. Imágenes que se aproximan con su imposición, su necesidad de impostura: qué escribir para librarme de ellas, diría una autora: “–Con su biografía, ¿por qué no escribe una novela?”, responde nuevamente Maillard, ironizando con respecto a las formas preconcebidas.


En este sentido la maleta textual de acumulaciones (objetos y experiencias) lleva a la unidad atómica de lo que se desvanece, ni atrás ni adelante:
De forma que: en el futuro no retornara más que lo que no puede ser presente (el modo poético), lo mismo que en el pasado no ha retornado más que aquello que del pasado no perteneció jamás a un presente (el modo narrativo) (El paso (no) más allá, Maurice Blanchot, p. 45).
De esto se desprende el rito de los objetos como una destilación de vivencias que permanecen en un tiempo potencial. La similitud con las listas de El libro de la almohada de Sei Shonagon en que cada objeto posee su situación supuesta, contenida, por venir, calibrando el mundo:
Cosas sórdidas:
El revés de un bordado
El interior de la oreja de un gato
Crías de ratón, todavía sin pelo, que salen retorciéndose de su guarida
Las junturas de un abrigo de piel que no han sido todavía cosidas (Shonagon, p. 206).
Lo que en nuestros tiempos, el decir de Eliza Adonis pondría de esta manera, con cierto paralelismo:
La cerámica de Sevilla cuenta con dos mártires: Santa Justa y Santa Rufina, ambas alfareras ejecutadas por destruir objetos dedicados a Adonis. Pequeña y colorida, mi cajonera lleva años guardando en sus cajones aros pequeños y anillos. Alguna vez guardó algún diente de mi hijo (Adonis, p.72).
En estas rotaciones Eliza Adonis lanza un manto del mundo interior al mundo todo, en que las visiones de este son trasladadas a la visión de su propio esmeril. La apropiación del mundo es la del mundo propio. Como dice la escritora canadiense Nicole Brossard en su diario de 1983: “Acarrear un diario es como llevar un hogar” (la traducción es mía).
Se busca la cara del amante en todos los amantes. Y los objetos muchos en gran cantidad que de pronto desparecerán y quedará su lista, su libro. Heartbreak make me a dancer, diría la canción de Sophie ellis Bextor. El viaje de la experiencia y los objetos que se pierden me da una voz, podría afirmar Eliza Adonis, en un parafraseo explicativo. Y en esa afirmación tiene la claridad de deplorar el inglés:
Inglés: un virus lingüístico que zombifica nuestra lengua/ el idioma que habla mi hijo al jugar en línea/ Chamullo que utilizo para cantar canciones que me gustan (Adonis, 89).
Qué es un idioma sino una imagen del mundo: que no es lo antepuesto a nuestros deseos sino un corsé que guiará lo que queramos como si fuera nuestro propio lenguaje sin serlo: por eso: ni narrativa ni poema, ni pasado ni presente, ni castellano ni inglés, aunque en un cd haya canciones en ambos idiomas. El idioma con género fluido, compuesto y desbocado, allá y aquí, como viaje que alcanza su derrotero.
Bibliografía:
Adonis, Eliza. Souvenir. Santiago de Chile: Editorial Perras Palabras, 2026. Impreso.
Blanchot, Maurice. El paso (no) más allá. Trad. Cristina de Peretti. Barcelona: Ediciones Paidós, 1994. Impreso.
Brossard, Nicole. Journal intime. Montréal: Editions Les Herbes Rouges, 1984. Impreso.
Rilke, Rainer Maria. Los cuadernos de Malte Lauridg Brigge. Trad. Francisco Ayala. Buenos Aires: Editorial Losada, 1944.
Shonagon, Sei. El libro de la Almohada. Trad. Amalia Sato. Buenos Aires, 2006. Impreso
